Biografías para el recuerdo: Guillermo Pinazo

13-1-73
BPZ 73

¡Llamóle el Señor y se fue sin despedirse!… Tal ha sido el fallecimiento inesperado de nuestro P. Pinazo, superior y párroco de “La Milagrosa” de Nueva York. Eufórico y llenos de ilusiones volvía de España de sus vacaciones consabidas y, al mes una trombosis fulminante le dejó sin vida para acudir a la llamada del Señor. Sucedió este el martes, 13 de noviembre, a las 3.30 p.m. Llevado al Hospital Trafalgar, ya en coma, se le administró el sacramento de enfermos (aquí de moribundo), se le dio la absolución in extremis…. A la hora era ya cadáver.

Nació el P. Pinazo el 10 de febrero de 1901 en Torrebaja (Valencia), en la zona frutera entre Valencia y Teruel, conocida por el Rincón de Ademuz. Estudió en nuestra Escuela Apostólica de Teruel y entró en el noviciado de los PP. Paúles en Madrid en 1916, ordenándose de sacerdote en 1926. Después de algún tiempo de aprendizaje del inglés en nuestra casa de Londres, fue asignado al Seminario Diocesano de San Juan de Puerto Rico, regentado entonces por los PP. Paúles, como profesor de latín, y allí estuvo hasta el año 1932. Fue llamado a Madrid, y le destinaron a La Habana (Cuba), y de allí pasó a Nueva York a reintegrarse a la parroquia de “La Milagrosa” el año 1934. Desde entonces, escenario de su vida apostólica y vicenciana ha sido esta metrópoli neoyorquina, desarrollando sus energías y celo sacerdotal entre la innúmera colonia hispana con predominio puertorriqueña, de la que espiritualmente se cuidan las parroquias de “La Milagrosa” y “Santa Agonía”. De esta última, filial de la primera, fue Superior y Párroco hasta 1955. Desde ese año, y con permiso de los Superiores, hasta 1965 ejerció las funciones parroquiales (por cuidar a su madre anciana) en algunos pueblos de Ademuz, su tierra natal. Se reincorporó a “La Milagrosa” en 1965, y ha sido su superior y párroco desde 1970 hasta su defunción.

Coincidencia feliz para nosotros se hallara en visita a estas casas en P. provincial de Zaragoza y nuestros cohermanos de las comunidades de Los Ángeles. Ello nos ha servido de consuelo y aliento en nuestra pena por esta desaparición imprevista. Las exequias y honras fúnebres no han podido ser ni más sentidas ni más consoladoras para la comunidad de “La Milagrosa” y para los fieles de la misma.

Hízose cargo del cadáver la serie Agencia funeraria “Echevarria & Sons”, y por tres días le velaron los fieles en la Iglesia. Celebramos misas “de corpore insepulto” a las 7:30 p.m. los días 14 y 15; la primera los PP. Leandro Mayoral, Alejandro Velayos, Carlos Esparza, Nicolás Herrero y sr. Valero; la segunda Mons. Wilson, vicario episcopal de Manhattan, concelebrando con él nuestro P. Provincial, Rafael Villarroya y otros cohermanos y amigos sacerdotes. El día 16, viernes, a las 10 a.m., misa solemne funeral celebrada por el obispo redentorista, Mons. McManus, asistido por Mons, Wilson y nuestro P. Provincial y en la que concelebraron todos nuestros cohermanos y varios sacerdotes amigos, seculares y religiosos. Digna de mencionarse es la contribución musical a estas exequias solemnes aportada por los dos excelentes músicos PP. José Valcárcel y Luis Bacaicoa, que a todos nos sirvió de honda meditación.

Al cementerio de los PP. Paúles americanos de Princeton, N.Y., que tan cordialmente nos han mostrado su fraternal condolencia, fue conducido y acompañado su cadáver inmediatamente después de la Misa. Y allí reposa su cuerpo, acompañado de otros cohermanos nuestros que le precedieron en ese viaje a la morada de los justos: PP. Ginard, J. Saldaña, V. Sáinz y A. Mayoral.

Leandro Mayoral

 

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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