Cine Club Paúles (Barakaldo): un referente en la transición (IV)

cinematografo2-263x1084. Tiempo para los cineclubs

Todas estas sesiones de cineforum denotan que existía entre los jóvenes de la anteiglesia un deseo latente de abordar el hecho cinematográfico desde su vertiente cultural. Se buscaba, por tanto,  trascender la visión tradicional y convencional de la exhibición cinematográfica, la que estaba ligada a la visión, exclusivamente, de las películas, que era la que practicaban la mayoría de los espectadores.

A esta inquietud, para que no fuera algo esporádico y puntual, le faltaba la creación de una estructura estable de trabajo, que es la que proporcionan los cine-clubs. Ésta era necesaria si se quería dar a la actividad cinematográfica una continuidad, que le permitiera perdurar en el tiempo.

Se trataba, en definitiva, de aglutinar en torno a un proyecto común a un grupo de personas para impulsar la constitución de un cine-club a fin de, a continuación, dirigirse a la búsqueda de un público potencial, que pudiera estar interesado en acudir a este tipo de sesiones de cine y que con su participación diera estabilidad a un proyecto inédito hasta entonces. Una iniciativa que contaba con gran predicamento en otras localidades, donde un público joven apoyaba de forma entusiasta este tipo de exhibición cinematográfica, esta manera de entender y relacionarse con las películas.

La materialización de este anhelo tuvo lugar por primera vez en 1973, con la creación del Cine-Club Saura, un proyecto que cabe calificar como efímero, pues duró muy poco tiempo. El objetivo que perseguían sus promotores, un grupo de jóvenes universitarios, era “elevar el nivel cultural de nuestro pueblo”. El proyecto surgía como una continuación de las iniciativas que en este campo se habían realizado en el municipio y que habían contado con el apoyo de los jóvenes: “Los baracaldeses, y principalmente cierto sector de la juventud, ha respondido satisfactoriamente, en general a las iniciativas culturales patrocinadas por el Ayuntamiento de Barakaldo. Este pretendido cine-club viene a continuar estas inquietudes y, en cierto sentido, trata de hacerlas estables”.

El cineclub no tenía como destinatario único a los jóvenes sino que su pretensión era dirigirse al conjunto de los vecinos. En un principio el público al que querían llegar era la población adulta, para más adelante programar películas adecuadas para niños y adolescentes. Consideraban, igualmente, que existía un público, inicialmente interesado en la existencia de un cine-club y confiaban en alcanzar la cifra de trescientos socios necesarios para que éste fuera viable. Con esa finalidad habían fijado una cuota económica, ya que no les movía “ningún interés comercial”.

No hemos podido concretar el tiempo que funcionó el cine-club ni las películas que proyectaron en el salón de actos del Colegio San Vicente de Paúl, local que acogió sus sesiones. Únicamente podemos dejar constancia de que la iniciativa no llegó a prosperar mucho tiempo. Fue un primer intento por impulsar la puesta en marcha de un cine-club que lamentablemente no cuajó, aunque su testigo no tardaría en recogerse con mayor fortuna.

Este intento, frustrado, por dotar a Barakaldo de un cine-club, que canalizase las inquietudes de los aficionados al cine del municipio, no apagó la idea por alcanzar ese objetivo, que se estaba resistiendo durante demasiado tiempo, ya que el sustrato, el público potencial, existía.

Una muestra de esta inquietud, que seguía presente entre los cinéfilos, la encontramos en la revista San Vicente, editada por la biblioteca del mismo nombre. En su número 4, correspondiente a enero de 1975, se incluía un artículo, con un título escueto pero elocuente, ya que condensaba en tres palabras, “Por un cine-club”, un deseo que muchos suscribirían.

El artículo surgía como una continuación a la petición, formulada en el número anterior, en la que se solicitaba la creación de un cineforum. El apoyo a la iniciativa era claro, pero matizaba el carácter que debía tener ésta: “Me adhiero a dicha petición y la relanzó desde aquí, si bien me parece que la creación de un cine-club tiene un signo más serio y permanente”.

La precisión era clara y pertinente, ya que el término cineforum designa al coloquio que se desarrolla tras la proyección de la película, abordándose el tema que se plantea en ella. Mientras que el termino cineclub, según el Diccionario de la Lengua Española, corresponde a la “Asociación para la difusión de la cultura cinematográfica, que organiza la proyección y comentario de determinadas películas”. En resumidas cuentas, la expresión cineforum sería una de las actividades que realiza un cineclub, por lo que este último término es más completo y define mejor el tipo de actividad que se realiza bajo la denominación de cineclub.

Más allá de estas disquisiciones terminológicas y las expresiones empleadas en  ambos artículos, los dos autores estaban de acuerdo en un objetivo común: poner en marcha una organización estable que canalizase la inquietud que tenían en torno al cine. De ahí el llamamiento que se hacía en el artículo para juntar todas las voluntades dispersas en ese anhelo común: la creación de ese objeto de deseo que era un cineclub en Barakaldo.

Un objetivo que estaba a punto de alcanzarse de nuevo, ya que un grupo de jóvenes universitarios venían trabajando en esa idea y tenían muy avanzado un proyecto que no iba a tardar mucho tiempo en materializarse.

Txomin Ansola

Mitxel Olabuénaga, C.M.

Sacerdote Paúl y Doctor en Historia. Durante muchos años compagina su tarea docente en el Colegio y Escuelas de Tiempo Libre (es Director de Tiempo Libre) con la práctica en campamentos, senderismo, etc… Especialista en Historia de la Congregación de la Misión en España (PP. Paúles) y en Historia de Barakaldo. En ambas cuestiones tiene abundantes publicaciones. Actualmente es profesor de Historia en el Colegio San Vicente de Paúl de Barakaldo.

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