La fiesta de la Provincia en Albacete (3-05-16)

La deseada, la esperada llegó… Tardó, pero llegó. La fiesta de familia, el encuentro entre hermanos que se quieren bien, siempre es bienvenido, aunque no haya acontecimientos especiales que resaltar… Con mucha más razón, si los hay… ¡Y esta vez  los había…! Unirnos al recuerdo gozoso del compromiso con la Congregación y con el sacerdocio de nuestros hermanos hacía más expectante el encuentro festivo del 3 de Mayo  en Albacete. Hace 60 años que nuestros hermanos Martín Burguete y Jesús María Osés se comprometían con la Congregación: celebraban el sesenta aniversario de su vocación… El P. Victor Gallastegui, por su parte, celebraba el 60 aniversario de su ordenación sacerdotal y el P. Tomás Peribáñez, sus bodas de oro sacerdotales…¡ Hoy brillaba el sol en Albacete! Y la alegría compartida con nuestros hermanos hacía más suave y deseable  la caricia del sol en nuestras mentes y en nuestras cabezas…

Hubo representación de todas las casas del Sureste de la Provincia: Victor por Madrid; Julián y Tomás, por Cuenca; Javier y Wilson por Cartagena. Y la comunidad en pleno de Albacete…

Después del breve espacio dedicado a los entremeses, ya que lo primero y principal, esta vez, era la celebración de acción de gracias de la Eucaristía, pasamos directamente a la capilla de la Comunidad, con el tiempo justo para no llegar tarde a la comida. El retraso se debió a cosas que suelen suceder de vez en cuando en la carretera: te para la policía por un adelantamiento indebido y tienes que dar tus explicaciones… Se paga de inmediato la multa, y sigues adelante lamentando durante un buen rato el percance. Son cosas que a todos nos ha pasado alguna vez, ¿o no? Y que no sea más que la pequeña multa de un adelantamiento indebido… Ojala que este pequeño percance sirva de aviso amistoso para evitar el próximo susto y retraso no previsto…

Concelebraron solemnemente los tres homenajeados: Victor, Martín y Tomás. Jesús Mari, de servicio en el Hospital, sólo pudo unirse a mitad de la celebración… Los demás nos unimos gozosamente a la fiesta de la concelebración.

Por derecho  propio correspondía la presidencia de la eucaristía a Tomás, por celebrar él sus bodas de oro sacerdotales. Y, a fe que se despachó bien hablando de su sacerdocio. La homilía fue emotiva y calurosa, como  corresponde a su talante personal y a su experiencia misionera por esos mundos de Dios.

La fiesta de los apóstoles, Felipe y Santiago, ayudaba a crear el clima de servido y envío ministerial. Apoyándose en la lectura de los Hebreos resaltó el gozo y la responsabilidad de la llamada. Y el texto de Juan “Fui yo quien os elegí…” le sirvió de trampolín  para alzarse en una encendida acción de gracias a Dios. Resaltó explícitamente los momentos especiales  de gracia que ha vivido durante su sacerdocio. Y la celebración de sus bodas de oro le están invitando fuertemente a reflexionar sobre la excelencia de la llamada, puntualmente durante estos últimos meses.

Los cantos,  bien elegidos y ejecutados por expertos y selectos cantores (todos ellos, excepto este humilde servidor que esto escribe). Sólo el enunciado de sus letras nos evocan tiempos añorados de nuestro mejor yo,  en nuestros años añiles: …”Tú Señor das sentido a  nuestra vida; Tu presencia nos ayuda a caminar…” “A las fuentes de agua viva nos conduce el Señor. El Señor es mi Pastor…” “Te seguiré a donde quiera que vayas…” El Himno a San Vicente y el “Míramos , oh Milagrosa” fueron el mejor colofón y exaltación de nuestros febriles recuerdos…

En la accione de gracias, no faltó un recuerdo cariñoso y calurosamente agradecido a los que fueron puentes y mediaciones necesarias para llegar a nuestros sacerdocio, con evocación especial para los que nos trasmitieron sus saberes, en nuestros largos años de formación, desde las apostólicas hasta la ordenación. Tampoco faltó un recuerdo especial para los que nos acompañaron durante largos años, en la etapa de estudios e incluso en los primeros años de su sacerdocio y después tomaron otros caminos. El recuerdo de estos compañeros fue sincero, emotivo y de leal amistad. Alguien susurró que estábamos unidos a ellos por el sentimiento de memoria, de esperanza y pertenencia

Queríamos también que este encuentro festivo, con aires de familia festera,  fuese evocación agradecida de  aquellas fiestas campestres de nuestras primaveras en Socovos y la sierra… Pero ahí, las restrictivas normas de prevención de incendios nos pusieron un reto casi imposible de superar… Así que, con buen criterio, decidimos trasladar la sierra al pequeño patio interior de nuestra casa de Albacete…Nos hicimos, como pudimos, con las correspondientes parrilleras y saboreamos, como nunca, los torreznos y las costillas humeantes a la brasa de patio. Ni los entendidos más ilustres podrían haber distinguido el sabor campestre de nuestras carnes  de las asaditas al aire puro de la sierra…

Y lo más importante, nuestro hermano Marino disfrutó como un enano haciendo de Master Chief… Se sintió como en sus mejores tiempos de la Sierra. Así que,  la imaginación al poder: que se repita la fiesta campestre…

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1 respuesta

  1. Mitxel dice:

    Mil saludos a los amigos. Se ve la competencia de cada uno… (al menos las de Marino y Aguinaco). Felicidades para los homenajeados. Un recuerdo especial para Catalán… La Historia dirá el por qué…

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