Nuntia CM – Septiembre – Octubre de 2026

LA CARIDAD ES LA PRIMERA NOTICIA

Hay coincidencias de calendario que se parecen a una tesis. El 27 de septiembre la Iglesia hace memoria de san Vicente de Paúl, patrono de todas las obras de caridad; tres semanas después, el 18 de octubre, celebra la Jornada Mundial de las Misiones, que este año tiene un sabor especial, porque marca el centenario de esta celebración, instituida por Pío XI. En medio, el 4 de octubre, la fiesta de Francisco de Asís, en el año en que se cumplen ochocientos años de su muerte. Caridad, pobreza, misión: tres palabras que el mundo tiende a guardar en cajones separados y que, en cambio, puestas en fila, cuentan una única historia.

Empecemos por Vicente, porque su lección es menos obvia de lo que parece. En el verano de 1617, siendo párroco en Châtillon-les-Dombes, se enteró de que una familia había caído enferma y habló de ello durante la homilía. Esa misma tarde, medio pueblo se presentó a esa puerta con pan y sopa. Al día siguiente, nadie. Vicente sacó una conclusión que sigue siendo válida hoy: la generosidad espontánea es valiosa, pero si no se convierte en organización, continuidad y responsabilidad compartida, se agota en una sola tarde. Así nació la primera Cofradía de la Caridad, y de ahí todo lo demás: las Hijas de la Caridad con Luisa de Marillac, la Congregación de la Misión, una red que ha atravesado cuatro siglos y que hoy, en la familia vicenciana, cuenta con millones de personas comprometidas en todos los continentes.

Lo cierto es que para Vicente no existía una caridad «social» separada de un anuncio «espiritual». El propio nombre que eligió para sus sacerdotes y hermanos, Misión, dice que servir a los pobres y evangelizarlos eran para él un solo gesto. Quien hoy reduce la caridad a eficiencia asistencial   y quien reduce la misión a propaganda religiosa cometen, en el fondo, el mismo error: separan lo que en el Evangelio nace unido.

Y es aquí donde el mensaje de León XIV para la centésima Jornada Mundial de las Misiones se vuelve sorprendentemente actual. El lema elegido es «Uno en Cristo, unidos en la misión», y el Papa no se limita a una exhortación genérica. Mira con realismo nuestro tiempo, en el que asistimos a conflictos, polarizaciones, incomprensiones y desconfianza mutua, y observa que cuando estas dinámicas entran en las comunidades cristianas debilitan su testimonio. La unidad que propone no debe entenderse como uniformidad, sino como convergencia de los distintos carismas hacia un mismo fin: hacer visible el amor de Cristo.

Hacer visible. Es la misma intuición de Châtillon. Una Iglesia dividida, pendenciera, replegada sobre sus propias polémicas internas no convence a nadie, por muy refinados que sean sus documentos. Una comunidad que se organiza para no dejar sola a una familia enferma, en cambio, habla por sí misma. La caridad es el lenguaje que precede a todas las palabras, el que incluso quien no cree sabe leer.

Hay además un segundo pasaje del mensaje que merece atención. El Papa recuerda que ningún bautizado, en efecto, es ajeno o indiferente a la misión. Parece una afirmación de principio, pero tiene consecuencias muy concretas. Significa que la misión no está delegada en los pocos que parten hacia tierras lejanas, a quienes también va nuestra gratitud, sino que concierne al voluntario del centro de escucha, al maestro, al médico, al jubilado que acompaña a un vecino a sus citas médicas. Significa que todo gesto de caridad organizada es ya un acto misionero, y que todo anuncio que no se traduce en cercanía queda incompleto.

Francisco de Asís, que hace ochocientos años moría desnudo sobre la tierra desnuda, había comprendido lo mismo por otros caminos. No fundó una agencia de ayuda ni una oficina de propaganda: eligió ponerse del lado de los leprosos, y desde esa posición el Evangelio volvió a parecer una buena noticia.

Nuntia, el nombre de esta revista, viene del latín y lleva consigo la idea del anuncio, del mensajero que trae noticias. Septiembre   y octubre nos recuerdan cuál es, para un cristiano, la noticia que vale la pena contar: que Dios no se mantuvo a distancia de   las heridas de la humanidad, y que quien lo sigue tampoco puede hacerlo. Porque antes de ser anunciada, la caridad hay que vivirla. Y cuando se vive, ya es la primera noticia.

P. Salvatore Farì, CM

Editorial

NUNTIA SEPT-OCT’26

David Carmona, C.M.

David Carmona, Sacerdote Paúl, es canario y actualmente reside en la comunidad vicenciana de Casablanca (Zaragoza).

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