Novena a la Virgen Milagrosa 2013: Día sexto

Milagrosa_Pamplona_2013Siembra en nuestra fe la ALEGRÍA DEL RESUCITADO. (Solemnidad de Cristo Rey) Clausura del Año de la Fe – Día de la misión de Honduras

MONICIÓN DE ENTRADA

Bienvenidos a la celebración de la solemnidad de Cristo Rey. Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz, pero también para resucitar al tercer día. Y así, siembra en nuestra fe la alegría del Resucitado.

Además, hoy se clausura el año de la fe. Durante este año hemos meditado sobre la fe, hemos intentado crecer en ella, tratando, además, de purificarla. Siempre tenemos motivos para unirnos a la oración de los apóstoles: Señor, aumenta nuestra fe.

Y por último, un nuevo motivo de alegría: Recordamos la Misión de Honduras y a nuestros hermanos misioneros que evangelizan allí, con quienes tenemos establecido, hace años y desde esta iglesia de La Milagrosa, un puente de fraternidad. Las manos abiertas de la Virgen Milagrosa se alargan y extienden en el compromiso de nuestros misioneros y de cuantos en la Iglesia se esfuerzan por hacer que se consolide el reinado de Jesucristo.

Compartimos nuestra fe en esta celebración con el pueblo y los misioneros de Honduras.

ORACIÓN COLECTA

Dios todo poderosos y eterno,
que quisiste fundar todas las cosas
en tu Hijo muy amado, Rey del universo;
haz que toda la creación,
liberada de la esclavitud del pecado,
sirva a tu majestad y te glorifique sin fin.
Por nuestro señor Jesucristo.

LITURGIA DE LA PALABRA

Lectura del segundo libro de Samuel (5, 1-3)

En aquellos días, todas las tribus de Israel fueron a Hebrón a ver a David y le dijeron: Hueso tuyo y carne tuya somos; ya hace tiempo, cuando todavía Saúl era nuestro rey, eras tú quien dirigías las entradas y salidas de Israel. Además el Señor te ha prometido: «Tú serás el pastor de mi pueblo Israel, tú serás el jefe de Israel». Todos los ancianos de Israel fueron a Hebrón a ver al rey, y el rey David hizo con ellos un pacto en Hebrón, en presencia del Señor, y ellos ungieron a David como rey de Israel.

Palabra de Dios

Salmo responsorial Sal 121, 1-2. 3-4a. 4b-5

R/. Qué alegría cuando me dijeron: «Vamos a la casa del Señor»

Qué alegría cuando me dijeron:
«Vamos a la casa del señor».
Ya están pisando nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén. R/.

Jerusalén está fundada
como ciudad bien compacta.
Allá suben las tribus,
las tribus del Señor. R/.

Según la costumbre de Israel,
a celebrar el nombre del Señor;
en ella están los tribunales de justicia,
en el palacio de David. R/.

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses (1, 12-20)

Hermanos: Damos gracias a Dios Padre, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados. Él es imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura; porque por medio de Él fueron creadas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles, Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades; todo fue creado por Él y para Él. Él es anterior a todo, y todo se mantiene en Él. Él es también la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, y así es el primero en todo. Porque en Él quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por Él quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz.

Palabra de Dios

Aleluya

Aleluya, aleluya.
Bendito el que viene en nombre del Señor;
bendito el reino que viene de nuestro Padre, Dios.

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas (23, 35-43)

En aquel tiempo, las autoridades y el pueblo hacían muecas a Jesús, diciendo:

– A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido.

Se burlaban de él también los soldados, ofreciéndole vinagre y diciendo:

– Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo.

Había encima un letrero en escritura griega, latina y hebrea: «Éste es el rey de los judíos». Uno de los malhechores lo insultaba, diciendo:

– No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros.

Pero el otro lo increpaba:

– Ni siquiera temes tú a Dios, estando en el mismo suplicio? Y lo nuestro es justo, porque recibimos el pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha faltado en nada.

Y decía:

– Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino.

Jesús le respondió:

– Te lo aseguro: hoy estarás conmigo en el paraíso.

Palabra del Señor

TEXTO PREVIO A LA HOMILÍA

La luz de la fe: la tradición de la Iglesia ha indicado con esta expresión el gran don traído por Jesucristo, que en el Evangelio de san Juan se presenta con estas palabras: « Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas » (Jn12,46). También san Pablo se expresa en los mismos términos: « Pues el Dios que dijo: “Brille la luz del seno de las tinieblas”, ha brillado en nuestros corazones » (2 Co 4,6). […] Quien cree ve; ve con una luz que ilumina todo el trayecto del camino, porque llega a nosotros desde Cristo resucitado, estrella de la mañana que no conoce ocaso.” (LF 1)

SUGERENCIAS PARA LA HOMILÍA

1) Hoy también nos sorprende la fe que aclama a Cristo como Rey del Universo. El rey esperado por los pobres para que les haga justicia, el rey cuyo trono es la cruz, cuya grandeza está en el amor arrodillado, en la humildad, cuyo poder se hace servicio. Hoy confesamos nuestra fe en ese Rey y Señor.

2) La Iglesia y los cristianos, en estos tiempos de crisis religiosa, ridiculizados por los mirones y los poderosos, debemos renunciar al boato y al poder sin renunciar a predicar el evangelio de Jesús. Estamos invitados a ejercer la realeza y el señorío, que se nos confío en el bautismo, con las actitudes y actos del mismo Jesucristo, a quien seguimos y confesamos como nuestro Salvador.

3) Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz, pero también para resucitar al tercer día, y es precisamente ahí donde resplandece su ser rey, según Dios, porque «su trono regio es el madero de la cruz» porque «Dios no elige al más fuerte, al más valiente”; elige «al último, al más joven, uno con el que nadie había contado», ya que «lo que cuenta no es el poder terrenal».

4) Los judíos y los príncipes de los sacerdotes que ultrajan a Cristo crucificado hablan un lenguaje de poder y lo desafían a que demuestre su fuerza bajando de la cruz. Y lo mismo le dice uno de los ladrones crucificados con Él. Pero Jesús no hace caso. Su fuerza es el perdón, el amor y la misericordia. Y así lo descubre el “ladrón bueno”.

5) Las «heridas» que inflige el mal a la humanidad, como las «guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, de poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación», confirman también hoy que «Jesús en la cruz siente todo el peso del mal, y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrección».

6) La resurrección de Jesús, la intervención del Padre ante el desaguisado de los hombres, es la que ilumina el misterio de la cruz, la que convierte el dolor en gozo, el pecado en gracia, el sinsentido del sufrimiento del inocente en sentido de vida resucitada.

7) En el tiempo pascual la comunidad cristiana, dirigiéndose a la Madre del Señor, la invita a alegrarse: «¡Reina del cielo, alégrate. Aleluya!». Así recuerda el gozo de María por la resurrección de Jesús, prolongando en el tiempo el «¡Alégrate!» que le dirigió el ángel en la Anunciación, para que se convirtiera en «causa de alegría» para la humanidad entera. María, al acoger a Cristo resucitado, es también signo y anticipación de la humanidad, que espera lograr su plena realización mediante la resurrección de los muertos.

Recordatorio:

Las manos abiertas de la Virgen Milagrosa se alargan y extienden en el compromiso de nuestros misioneros y de cuantos en la Iglesia se esfuerzan por hacer que se consolide el Reinado de Jesucristo. Hoy recordamos especialmente a nuestros compañeros, misioneros paúles en Honduras, con quienes tenemos establecido desde hace algunos años un puente de fraternidad.

“Venga a nosotros tu Reino”, repetimos en la oración del padrenuestro. Esta petición quiere ser hoy más consciente y comprometida, como la de nuestros misioneros, como la de María, nuestra Madre de las manos abiertas.

ORACIÓN UNIVERSAL

Sacerdote: En este día de fiesta grande nos acercamos con nuestras plegarias por todos los que buscan a Dios, por los que entregan su vida a la misión, por los pueblos y aldeas de nuestra Misión en Honduras, y lo hacemos pidiendo la intercesión de nuestra Madre, la Virgen Milagrosa.

Lector/a: Por la Iglesia: para que en su oración y su vida dé fecundidad a la nueva evangelización y sean muchos los que, creyendo en el Evangelio, se integren activamente en ella. Roguemos al Señor.

Asamblea: Te rogamos, óyenos.

Lector/a: Para que en este día de Jesucristo, Rey del Universo, dejemos que su justicia, su paz, su gracia, su vida y su amor llenen todos los rincones de la tierra. Roguemos al Señor.

Asamblea: Te rogamos, óyenos.

Lector/a: Por los misioneros y misioneras de Honduras, que sientan el respaldo de esta comunidad de la Milagrosa en Pamplona, en la tarea generosa que realizan de sembrar la Palabra de Dios y compartir los bienes de la tierra con lo más marginados. Roguemos al Señor.

Asamblea: Te rogamos, óyenos.

Lector/a: Por quienes aún no conocen a Jesucristo o lo han apartado de sus vidas, que en este tiempo de evangelización reciban la luz de la fe o vuelvan al seno de la comunidad. Roguemos al Señor.

Asamblea: Te rogamos, óyenos.

Lector/a: Por nosotros, que celebramos nuestra fe y deseamos que Jesús sea el Señor de nuestras vidas: para que demos gracias a Dios porque nos llama a formar parte de su Reino. Roguemos al Señor.

Asamblea: Oh María, sin pecado concebida (cantado)

Sacerdote: Que María, Reina junto a Jesús en la Cruz, alcance la fraternidad para todos los hombres de buena voluntad. Por Jesucristo nuestro Señor.

ORACIÓN SOBRE LOS DONES

Te ofrecemos, Señor,
la víctima de la redención de los hombres,
pidiéndote humildemente
que tu Hijo conceda a todos los pueblos
los bienes de la unidad y de la paz.
Por Jesucristo nuestro Señor

PREFACIO

V. El Señor esté con vosotros.

R. Y con tu espíritu.

V. Levantemos el corazón.

R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.

V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.

R. Es justo y necesario.

En verdad es digno y justo,
equitativo y saludable,
darte gracias siempre y en todas partes, Señor, santo Padre, omnipotente y eterno Dios,
que ungiste a tu unigénito Hijo
y Señor nuestro Jesucristo,
sacerdote eterno y rey de todos,
con óleo de alegría,
para que, ofreciéndose a sí mismo
en el ara de la cruz,
como víctima pacífica y sin tacha,
obrase el misterio de la humana redención,
y, una vez sometidas a su imperio
todas las criaturas,
entregase a tu infinita majestad
un reino eterno y universal,
reino de verdad y de vida,
reino de santidad y de gracia,
reino de justicia, de amor y de paz.
Y por eso, con los Ángeles y los Arcángeles,
con los Tronos y las Dominaciones,
y con todos los coros celestiales,
cantamos sin cesar el himno de tu gloria:
Santo, santo, santo

TEXTO DE SANTA CATALINA LABOURÉ (antes de la oración final)

“Vendrán grandes desgracias. Será grave el peligro. Pero no temáis; di que no tienen nada que temer. La protección de Dios estará siempre sobre vosotras de una forma muy especial, y San Vicente protegerá a la Comunidad. Yo misma estaré con vosotros. Siempre he velado sobre vosotros, Os concederé muchas gracias, Llegará un momento de grave peligro. Se creerá que todo está perdido. ¡Pero yo estaré entonces con vosotros!

Tened confianza. Conoceréis mi visita y la protección de Dios y de San Vicente sobre las dos comunidades. ¡Tened confianza! No os desaniméis. Yo estaré con vosotros”. (René Laurentin, o.c., p.63)

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

Después de recibir el alimento de la inmortalidad,
te pedimos, Señor,
que quienes nos gloriamos
de obedecer los mandatos de Cristo,
Rey del universo,
podamos vivir eternamente con Él
en el Reino del cielo.
Por Jesucristo nuestro Señor.

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