Novena a la Virgen Milagrosa 2013

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Seguimos la entrañable y participativa tradición de honrar a la Virgen María, la Inmaculada de la Medalla Milagrosa, con la celebración de la novena en la iglesia a ella dedicada y conocida en Pamplona como “iglesia de La Milagrosa”.

Seguimos la arraigada tradición de preparar con esmero, y con la participación de toda la comunidad de los Misioneros Paúles y el apoyo de la Asociación Medalla Milagrosa de Pamplona, los materiales o subsidios litúrgicos para celebrar gozosamente esos días de reflexión, de oración, de Palabra y mesa compartidas, de comunidad de fe en torno a la “primera creyente”. Gozosamente, también, ponemos a disposición de quienes festejan a la Virgen Milagrosa con triduos o novenas en otras partes este sencillo material. Ya rompimos el año pasado la tradición de editar los “libros de la novena”, no por la crisis económica, sino por facilitar a más personas la posibilidad de acceder a este servicio y llegar a otros lugares con el mensaje que queremos compartir y celebrar.

En la Novena de 2012 abríamos el año de la fe, convocado por el Papa Benedicto XVI, entrando por “La Puerta de la FE”, Carta Apostólica de su puño y letra. La Novena – 2013 coincide con la clausura del Año de la Fe, que tendrá lugar el próximo día 24 de noviembre. Este Año de la fe ha sido una gracia para la Iglesia, las comunidades cristianas y los fieles seguidores de Jesucristo. Y hemos contemplado y vivido dos sorpresas históricas en la Iglesia y, tal vez, para el mundo: la renuncia a la Sede Apostólica de Benedicto XVI y la elección de un Papa que rompe los límites de Roma y las fronteras Europeas, que muestra un nuevo estilo de ejercer su ministerio episcopal y papal, que rompe viejos esquemas y que lanza a toda la Iglesia a vivir su fe encarnada en la historia pequeña y grande de las personas y de los pueblos.

Estas dos sorpresas, y el Año en el que han sucedido, han dado lugar a un mensaje escrito “a cuatro manos”, como ha dicho alguien, que es legado espiritual inacabado de Benedicto XVI y primera Encíclica del Papa Francisco: “LA LUZ DE LA FE”. El mismo Francisco escribe en la Encíclica que Benedicto XVI “ya había completado prácticamente una primera redacción de esta Carta encíclica sobre la fe. Se lo agradezco de corazón y, en la fraternidad de Cristo, asumo su precioso trabajo, añadiendo al texto algunas aportaciones”. (LF 7).

Esta Carta encíclica, esta Luz de la Fe, queremos que nos guíe e ilumine en esta Novena. También ha guiado e iluminado los pasos dados en la preparación de este material litúrgico, lo que nos ha hecho entrar y vivir por adelantado, y hará entrar y vivir a quienes se sirvan de él, en la Novena y nos ha abierto a acoger las bendiciones antes de la llegada de los días de Gracia.

El material que tenemos en las manos es, como hemos dicho, un servicio, una ayuda, para la celebración litúrgica. De ninguna manera pretende hacer un estudio exhaustivo de la Encíclica, tampoco ofrecer conferencias o clases sobre ella. Para todo eso hay otros ámbitos que deberemos aprovechar siempre que tengamos ocasión.

En la celebración queremos situarnos, como Iglesia, cerca de la palabra del Papa, cerca de la Familia Vicenciana con la Asociación Medalla Milagrosa, cerca del pueblo sencillo, para valorar la fe, para profundizarla, para purificarla y para vivirla. Y queremos situarnos en torno a la Mesa, a la escucha de la Palabra, cerca del Dios-con-nosotros y cerca de su Madre y nuestra Madre.

El “temario de la Novena” nos lo ha sugerido la oración con la que el Papa Francisco termina la Encíclica. Sus peticiones son título y marco de cada día de celebración. Desde esa oración, echamos una mirada atrás a todo el texto. En esa oración el Papa sintetiza los contenidos teológicos, cristológicos y eclesiológicos de la Encíclica, pero lo hace también como hijo que pide a su Madre por todos sus hijos.

La celebración de cada día dibuja trazos abiertos a la creatividad, bosqueja el fondo de una obra que tiene que ser de cada uno y de todos. Esos trazos están marcados por pinceladas de pintor, en cuya paleta se mezclan diversos colores:

  1. El color de la Palabra de Dios, proclamada en asamblea de fe.
  2. El color del mensaje de la Encíclica “Luz de la Fe” (Lumen Fidei).
  3. El color difuminado de la experiencia de fe de Santa Catalina Labouré, agraciada con las apariciones de la Virgen Milagrosa. Algunos textos de su vida y algunas palabras suyas reflejarán su camino de fe y orientarán el nuestro.
  4. Y el color envolvente de la fe de la Virgen María.

Las manos de todos los que celebramos esta Novena sostienen paleta y pincel para realizar su pequeña/gran obra, con colores de fiesta, de celebración, de devoción, de comunión de hermanos, de fe vivida y encarnada, de compromiso con los pobres.

Recordar, sobre todo, lo que decíamos el año pasado: “las sugerencias para la homilía son exactamente eso: sugerencias. El que sirve el Pan de la Palabra a la comunidad debe primero amasar y cocer ese Pan en su corazón, en su mente, para que sea Pan reciente, el Pan que le gusta a la gente sencilla”

Además de esta preparación y de estos materiales hay otras muchas cosas que cada uno vive y no se pueden escribir. “Ir a la Novena” es una peregrinación abierta a la sorpresa de un Dios que sigue haciéndose cercano por medio de María, por una medalla de la Inmaculada que el pueblo llamó milagrosa, y cuya devoción se extiende por todo el mundo, en el que se le reza:

“OH MARÍA, SIN PECADO CONCEBIDA,
RUEGA POR NOSOTROS QUE RECURRIMOS A TI.”

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